MENSAJES

Misa Crismal

Parroquia Inmaculada Concepción

Rivera – 31 de marzo de 2026

Comunidad Diocesana, nos hemos reunido en esta Iglesia de la Inmaculada Concepción, convocados por Jesús Buen Pastor, Jesucristo Resucitado. Celebramos su presencia en medio nuestro, es Él el que nos congrega y nos hace parte de su Iglesia. Iglesia particular que recorre y se extiende en los departamentos de Rivera y Tacuarembó de los cuales somos parte de sus Pueblos. Integrantes de ellos con una presencia singular y nada menor que ser testigos del Señor Resucitado entre ellos y así presencia suya en nuestra propia identidad de cristianos y dando testimonio de Cristo.

Portamos una identidad que no se diluye en la masa popular, ni se excluye, sino que explicita con la fuerza del espíritu su fundamento y desde la profundidad del corazón aporta lo propio al conjunto de la sociedad, a la diversidad del pensamiento sobre el hombre y la historia.

La Verdad del Evangelio, las enseñanzas de la Iglesia que de él emergen, principios sobre los cuales construimos primero nuestra propia vida, en la búsqueda creciente de fidelidad y de lealtad para con aquel que llamamos MAESTRO.

No somos los perfectos, sino aquellos que hacemos el camino de la vida y la construcción de la Comunidad en la búsqueda de esa fidelidad y lealtad.

Primero aquel que les habla que se reconoce como ¨indigno servidor¨ según las palabras de la Liturgia. (un pecador)

Esta Comunidad, esta Iglesia particular de alguna manera se visibiliza en la presencia de Uds. y en la representatividad que portan consigo, debemos ser conscientes que somos Pueblo de Dios, que se congrega en la Fe y la Caridad para la alabanza de la Gloria de Dios.

Una comunidad como lo expresamos que es parte de un Pueblo, y por lo tanto siente con él en las alegrías, en las expresiones de realización personal de nuestros hermanos, de lo que celebra según sus tradiciones y logros, en aquellos momentos en que reconocen el paso de Dios por sus vidas, paso de Dios que también acompaña y es presente en los dolores y sinsabores, en las frustraciones y en los desconciertos que sobre vienen a sus vidas. Dios está allí por sí y por nosotros. No poco privilegio el que tenemos para ser expresión suya, acción en Su Nombre ante tantos que en la mirada y en el sentir del corazón quieren verlo a Él, ser tocados por Él, en nuestras miradas y en nuestros gestos. Concretos estos, no discursivamente ni con divagues y/o para momentos más adelante. El momento del encuentro que se transforma en Kairos. 

Expresé que con nuestra participación se visibiliza la Iglesia particular que formamos, junto a aquellos que representan, momento privilegiado este para tomar conciencia de quienes somos y lo que somos.

Explayando nuestra mirada sobre la asamblea unos y otros podemos considerar y encontrar la diversidad de participación, Laicos, Religiosos, Consagrados, Presbíteros, Diáconos, Seminaristas, en fin, el Obispo. Debemos darnos cuenta la variedad de participación, de servicios, de ministerios, de Vida Religiosa, etc. Todos en el vínculo de la Comunión, de la Fe y de la Caridad.

Es un momento privilegiado este para darnos cuenta también, de las responsabilidades propias de cada uno, de sectores, de espacios de participación. Se conforma así esta Iglesia nuestra que coordinada y organizadamente, en la perspectiva de integrar el espíritu sinodal para caminar juntos tras los pasos de Su Señor y a la escucha de su Palabra.

Dentro del Pueblo de Dios que conformamos y como parte de él, estamos aquellos que, llamados a la vocación Sacerdotal y Diaconal, haremos hoy, en esta celebración la renovación de las Promesas Sacerdotales y Diaconales. Es la renovación de aquellas que hicimos el día de nuestra Ordenación, con ellas renovamos nuestro sí a Dios y nos fortalecemos al renovarlas.

Serán Uds., todos, seremos testigos de la renovación de las promesas Sacerdotales y Diaconales, de aquellos que en el ejercicio del Ministerio recibido sirven en nuestras comunidades y a las cuales se deben.

Apelo a la solicitud de los Ministros por el Pueblo que se les confía, y a las comunidades en las que sirven el cuidado de sus Ministros y en el compromiso pastoral que juntos realizan en la difusión del Evangelio, de la persona de Jesús y en la celebración de los Sacramentos.

Junto a la participación de personas y grupos la Iglesia se construye sobre la escucha de la Palabra, de la vida Sacramental y vivencia de los Sacramentos, particularmente de la Eucaristía. Los Sacramentos son expresión de la acción del Señor y operan por sí.

Por la necesidad de los óleos para la celebración de los Sacramentos a los que corresponden los hemos de bendecir, son ellos: el óleo para la unción de los catecúmenos, otro para la unción de los enfermos, y la consagración del óleo para el Santo Crisma

En el guion propio de presentación de cado uno se nos indicarán sus virtudes y sus usos. 

Estimados todos, gustemos de lo que celebramos, no sea esta una ¨Eucaristía¨ más, en ella se hacen presente los Sacramentos, Ministerios, Servicios y signos de nuestra salvación que los podemos reconocer en la variada participación que tenemos en quienes participamos.

Al llegar hasta aquí quiera Dios que no sea un hecho individual y en solitario, he insistido en la representación que tienen, en tantos que miembros de las comunidades y de los Pueblos están en sus sitios según la situación de vida, me anima, pues, a que traigan consigo la vida de nuestros Pueblos, de nuestras comunidades, de cuantos dolores y sufrimientos, de cuantas alegrías y realizaciones van jalonando la vida en el diario acontecer de nuestra gente.

Sacerdotes y Diáconos llamados a ejercer el Pastoreo con caridad y solicitud, convocando y acompañando comunidades fraternas y vivenciales en la Fe, con la Primacía del Señor Jesucristo y se realice y desarrolle todo lo que de la experiencia de Comunidad y encuentro pueda surgir.

Verdaderos Pastores de los Pueblos a modo de Jesús buen Pastor.

¨Y ustedes serán llamados ¨Sacerdotes del Señor¨, se les dirá Ministros de nuestro Dios¨ – Nos dice la Palabra proclamada

También la Vida Religiosa, respondiendo al llamado del Señor en su Iglesia, según carismas y talentos desde su propia identidad religiosa y de vida y pertenencia a Cristo deberán tener la mirada atenta y solícita para con aquellos con quienes se encuentran en Pueblos y zonas de ciudad y campo, en el cruce de los caminos.

Los Laicos con la  participación responsable  y la Misión recibida desde el Bautismo, son ¨piedras Vivas¨ en la Iglesia y con una participación amplia, específica, abarcando todos los espacios de evangelización en la rica diversidad con la que se compone la Iglesia Particular que junto al Señor Resucitado se construye en el largo peregrinaje que día a día hacemos con el anuncio del Evangelio, la celebración de los Sacramentos, la formación de comunidades orantes e impregnadas de Caridad, por los vínculos que se entablan entre los participantes y con el prójimo. ***

No menor ha de ser la participación en los ambientes donde se desarrolla la vida, se construye la sociedad secular, vivimos momentos de cambio, es cambio de época en la comunidad universal, constatamos ¨la transformación de nuestro mundo¨ qué como parte de él nos toca, incide y en el que debemos involucrarnos.

Caminar hacia un mundo integrado, de respeto y aceptación de lo distinto, siempre en el sagrado derecho a la vida y su defensa y a la libertad, teniendo en el otro el límite de lo propio.

Buscando en un todo una sociedad justa, fraterna, solidaria y caritativa. Que sea auténtica y genuina en sus valores, en la ética y en la que los cristianos aportemos y vivenciemos el valor primero del Evangelio y de la Vida de Jesús para que este mundo crezca según el sentir y el querer de nuestro Dios. 

Jesucristo, el Señor Resucitado, que hizo suya la Misión que le revelara la Palabra en la sinagoga de Nazaret, nos fortalezca y conserve en la Misión que Él nos participa, al recorrer el camino de la fidelidad a la Misión recibida y de la construcción de la Comunidad que se nos confía.